ENTREGA Nº 4
Reflexiones Sobre
"El ‘Desafío de Envejecer"
y "El Coraje para Encararlo"
De todos los ‘Desafíos’ que "La Vida" le propone a nuestra ‘Existencia’, muy posiblemente el más árduo de digerir sea el de asumir la inalterable realidad de nuestra propia "Muerte". Más difícil de superar que ‘el fallecimiento de un ser querido‘ o ‘ aceptar el fracaso que involucra un divorcio’. ‘Desafíos’ . imponderables que,. a mi entender, siguen en importancia al primero.
Culturalmente en la mayoría de las civilizaciones que jalonan la Historia de la Humanidad –y muy especialmente en las ‘occidentales’—cuanto menos se hable de ‘la muerte’, ajena o propia, será para mejor. Es como si el solo hecho de no nombrarla, retardara su impertérrita e irrefrenable aparición. Distinta es su omnipresencia en los cultos religiosos animistas –más frecuentes entre pueblos orientales, africanos o polinésios— donde el tema llega a límites de creer que los muertos salen indemnes de sus tumbas para pasearse entre sus parientes, amigos o enemigos, disfrazados de "zombies".
Pero la gran mayoría de los esclavos de esta insólita cultura ‘occidental y cristiana" --en la cual nací, crecí y me eduqué— conviven en sociedades que se emparejan en torno a ceremoniosos cultos mortuorios –siempre susurrados--dándole al ineludible hecho de morirse una secreta trascendencia incompatible con lo rutinario de abandonar este pintoresco ‘valle de lágrimas’.
Yo así lo entiendo quizá porque desde muy pequeño, por uno de esos inexplicables caprichos del destino, conviví, codo a codo, con la realidad de la hoy mi amiga "La Muerte".
Permítanme un par ilustrativas anécdotas personales
Primer encuentro ‘virtual’ con una buena amiga
El 18 de julio de 1936, según la historia del vencedor, estalló la "Guerra Civil Española". A las 11 de la mañana, de tan aciago día, terminados mis primeros once años de existencia, empezaba a ‘disfrutar’ (¿?) mi año número doce.
Apenas fue posible, empaquetado con tío, tías y primos, junto con mi hermano menor, salir de Oviedo, minutos antes que los ‘republicanos’ mineros asturianos pusieran cerco a la ciudad, rumbo a tierras gallegas --en la zona rebelde-- donde mis tíos tenían una casa de veraneo.
Ni que decir tiene, que la palabra más común en todas las conversaciones era "Muerte". La de soldados y milicianos, caídos en los frentes de batalla. La de civiles --tanto derechistas como izquierdistas-- "fusilados" o víctimas de indiscriminados bombardeos.
Y algo muy significativo relacionado con la difusión de tan controvertido vocablo. Entre las fuerzas franquistas se alienaban dos cuerpos de ejército apostados en las colonias españolas en Africa noroccidental. Los ‘tabores de regulares’ –integrados por marroquíes— que terminaron formando la "Guardia Mora" de Franco y "La Legión Extranjera" cuerpo de elite integrado por mercenarios bajo los parámetros de su similar francesa.. Muchísimo antes del ’36, este cuerpo militar ya tenía patente de descontrolada heroicidad. Su himno creado por el insólito auténtico héroe de guerra Millán Astray, era, nada menos que "Viva la Muerte". No solamente su marcha marcial saludaba a "la Muerte" sino que su canción entonada al entrar en lucha, se titulaba "Soy el Novio de la Muerte". Por su parte, las milicias falangistas, en su himno "Cara al Sol" en su primera estrofa ya advierte que "Me hallará ‘la muerte’ si me lleva y no te vuelva a ver".
"La agresiva radiodifusión rebelde, reiteraba estos musicalizados temas para motivar a su infantería a ofrendar la vida en pos de la "Victoria", condenándonos a escucharlos hasta sorbiendo la amarga sopa de ‘grelos’.
Y así fue como la tan cacareada "Muerte" se me acercó a mi adolescencia cuando un parte de guerra dio por caído a mi padre en heroica lucha "por Dios, por la Patria y el Rey" frente a los dinamiteros astures. Y para completar la noticia, no sé de dónde sacaron un telegrama de la Cruz Roja Suiza, anunciando que nuestra madre había sido gravemente herida en un bombardeo sobre el sitiado Madrid. Ni cortas ni perezosas mis tías –asesoradas por el Párroco de la Iglesia de San Juan de Cobas—decidieron cortar por lo sano y recluirnos en un asilo de huérfanos.
Felizmente, pocos días antes de ser internados en el orfelinato, un nuevo parte del Estado Mayor del coronel Aranda comunicaba haberse equivocado en dar por muerto a nuestro padre. Y un cable vía Londres, firmado por mi madre, nos comunicaba que se había refugiado en Francia y que estaba sana y salva instalada en su casa de París.
Cuando mi padre regresó del frente de batalla y se anotició del ‘proyecto-asilo’ pergeñado por mis tías aconsejadas por el ‘pulpitodonte’ de la Iglesia de San Juan, vistió a sus hijos de domingo, los cargó en un automóvil y se fue con éllos a dirigir una fábrica en ‘A Coruña’. Nunca más me interesó saber algo de tan altruista familia.
Ese fue mi primer encuentro con "la muerte’ –ajena-- aunque se tratara de la de mis mayores. Hoy, pasados 70 años, no recuerdo que tan fuerte impacto haya dejado huellas psicológicas en mi "cerebro". Posiblemente porque éste, de tanto oír –y escuchar— algo tan cotidiano, en tiempos de guerra, como la palabra "Muerte", había adormecido ciertos sentimientos que, quizá en tiempos de paz y bonanza, se hubieran despertado.
O quizá fue entonces cuando, subliminalmente, sin notarlo, había descubierto –para siempre— que "La Muerte" está tan integrada con "la existencia", que ambas conforman una indisoluble unidad.
Encarando un somero autoanálisis --nunca sentí necesidad de recurrir ni a psicoanalistas ni a psiquíatras— presumo que desde aquel circunstancial ‘descubrimiento’ jamás me inquietó la proximidad de "La Muerte". Tanto de la ‘ajena’ como de la ‘propia’. De eso estoy bien seguro ya que, durante las muchas oportunidades que hube de estar cara a cara con tan especial ‘dama’, ni por asomo pensé en morirme. Creo que, naturalmente, había incorporado a mi subconsciente, "El Coraje" necesario ‘para enfrentar el más importante "Desafío" que la ‘Vida’ osa plantearle a nuestra humana "Existencia".. Entendí, en `pocas palabras, que "ante lo ‘perennemente innegable’ queda una sola alternativa: acostumbrarse a su compañía constante e ineluctable.. Yo me acostumbré a conllevarme alegremente con la palabra "muerte". Claro que no todos han pasado por la experiencia de iniciar su primera adolescencia, en medio de una ‘estúpida guerra fraticida’ , donde el término "muerte" desplazaba a vocablos como "Dios", "Amor", "Hambre", "Risa" o "Lágrima".
Empecemos por recuperar ese tipo de palabras. Una forma de empezar a sentirnos un poquito mejor. Hagamos la prueba. Total ...¡es ‘gratis’...!..
Y es aquí donde es necesaria la intervención de "El Coraje", que –según J.L.Servan-Schreiber— es "un valor sin mérito ni falsa gloria para vivir nuestra vida lo mejor posible, inclusive cuando no existe otro testigo que uno mismo".
¡Como para no hacerse uno "amigo"
de "la Señora Muerte..!
(Sin perder la ‘Alegría de Existir’
Arranquemos asumiendo que, si ‘empezamos a envejecer’ desde el instante que nacemos o --si Ud. lo prefiere— apenas somos engendrados, también ‘empezamos a morirnos’ --sin fecha fija-- en ese mismo instante.
Recuerdo que, apenas mi madre y yo, en un tácito acuerdo subliminal, logramos unificar nuestros idiomas, me contó que durante mi primer mes de existencia, me declaré en una "gandhiana" huelga de hambre, no tolerando ingerir ningún tipo de leche, El entonces galeno de niños –hoy neonatólogo-- me pronosticó un muy posible e irremediable fallecimiento. En ese instante me salvó la también ‘neonata’ publicidad gráfica. En un 4x25, página impar, del matritense matutino "ABC", se destacaba el rostro de un bebé que bien podría ser mi gemelo –aunque más gordito— guiñándole un ojo a una enorme lata de ‘leche condensada’. Según mamá –que, en aquellos tiempos, aún creía en milagros—"Nestlé" había aterrizado en España para salvar mi "vida". Y aquí estoy, contándolo, después de 83 años..!.
Por supuesto que no contabilizo el episodio como una experiencia de aproximación de mi ‘intransferible’ muerte relegándola a la categoría de anécdota.
Pero lo que trascendió mi personal anecdotario, fue la media docena de veces que mi buena amiga anduvo rondando mi destino entre accidentes, cirujías de riesgo, coágulos cerebrales e insuficiencias cardíacas. Como es natural ante este tipo de inconvenientes –por no tratarse de un dolor de muelas o una gripe—conviene pensar en las consecuencias que tales pronósticos pueden acarrarnos. Incluyendo alguna inesperada visita de ‘la que te dije’.
Aunque si merece párrafo aparte un episodio ocurrido a mediados de setiembre del año 1992.
Un cordial "tête a tête" con ‘mi particular’ Muerte
Y un poético certificado de "Amistad".
Viernes. 20.30 – Me encontraba completamente solo en mi departamento y no esperaba ninguna visita. De pronto sentí un agudo dolor de estómago y unas imperantes ganas de vomitar. Apenas entré en el baño y me acercaba el inodoro, una bocanada de sangre se desbordó entre mis labios. Y otra.... Y otra más. Y la primera sensación del mareo síntoma infaltable en toda buena lipotimia. Pensé que hasta el lunes a primera hora no llegaría la señora que se ocupaba de la limpieza casera. Atiné a abrir la puerta del departamento y pedir auxilio, a voz en cuello, sin obtener el menor éxito. Mis vecinos de piso se habían ido al cine. Y los de los pisos inferiores –según me confesaron después—o se habían ido de joda o la TV había mitigado mis reclamos. Sentí el anuncio del primer desmayo. Recordé que mi última pareja sufría de bajones de presión y se desmayaba en cualquier lugar y sin previo aviso. Sabía pues de qué se trataba. Sin incorporarme, para evitar el desmayo, llegue al teléfono y marqué en la memoria el servicio de emergencia de mi obra social. Me atendíó una buena anciana que me dijo que ese número ya no pertenecía a "Galeno" y que el nuevo lo sabía su nieta que había ido a comprar coca y lechuga al "super" y que cuando regresara....Demasiado tarde Volví a perder el conocimiento Minutos después recobré mis cabales y me encontré tendido en el living al pié del teléfono, Se, positivamente, que lo que creí ver era apenas una fantasía debida a la falta de irrigación sanguínea de mi cerebro. Se trataba de una figura de mujer inmaterial ataviada con un elegante típico ‘tailleur’ muy usado en el Hollywood de los ’40. Se sentó en un BKF, cruzó las piernas y prendió un "Victoria Slim". Se atusó un peinado a lo Hedy Lamar. Y casi displicentemente, con voz suave y casi seductora: disparó un castizo "tu dirás, chico..!". Creo que me había quedado mudo. Mientras se observaba el violento rojo del esmalte de uñas que coronaban sus finos dedos, displicentemente me preguntó si estaba preocupado. Creo que conteste negando con la cabeza. Fue cuando me dijo como me sentía. Le contesté que en paz conmigo mismo y que estaba preparado para viajar al espacio e instalerme en alguna estrella para esperar el magnífico espectáculo del fin del Universo. La etérea visita se sonrió, mientras decía pausadamente: "tendrás que esperar unos años más..!. Mientras la visita se esfumaba en la nada, sonó estridente el teléfono. Tiré del cable y el fonoauricular cayó sobre mi pecho mientras una voz, entre socarrona y beoda, preguntaba si era yo o el contestador quien emitía un débil jadeo. Recuerdo que atiné a decir "yo.. estoy solo y desangrándome...". Cuando recobré el conocimiento me hallé rodeado de unos seres vestidos de verde que me subían a una camilla para llevarme, en ambulancia, a un cercano policlínico. Una vez más "mi amiga" no había querido llevarme a su Reino. Y esta vez tuvo la deferencia de venir, personalmente, a decírmelo.
,
Unos días después, ya de nuevo en mi casa, recordé una palabras que, allá por el ’43 había puesto en boca de Dido, la fenicia fundadora de Cartago y protagonista de mi primera obra teatral que, despreciada por Eneas, decide inmolarse en una pira funeraria. Y se preguntaba antes de incinerarse: "¿Qué es La Vida...? Contestándose a sí misma: "Una Ilusión... Un Nada...Un Adiós..!
Este ‘recuerdo’ me llevó a pedirle a ‘La Poesía’ (otra gran amiga) que, ya que se escribe a sí misma, me ayudara a agradecerle su oportuna visita a la dama que, virtualmente, apareció en mi ‘living’ cuando más necesitaba ‘estar en paz’ con ella y conmigo mismo.
Y ‘La Poesía", le dictó a su circunstancial amanuense –que soy yo—un poema que, aunque parezca descolgado en esta circunstancia, ayudó a más de algún amigo preocupado por el previsible fallecimiento de un ser querido, para enfrentar el doloroso "desafío" que le proponía su propia "vida"..
Como modesto ejemplo de cómo podemos empezar a afrontar el más fuerte "Desafío" que nos plantea "La Vida", transcribiré algunos fragmentos que, hace ya 15 años, me dictó la señora "Poesía".
¿Qué tal Amiga Mía..?
Hacía tiempo que no rondabas por mi puerta.
Casi había olvidado tu rostro adusto,
Tu voz serena.
Tu discreta y silente compañía.
Tu etérea consistencia.
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Hace ya tanto tiempo... tanto tiempo...
¿Lo recuerdas..?
Cuando empecé a intuir que siempre fuiste
Complemento esencial de mi existencia
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Y así, nací contigo... crecí contigo...
Entre mis sábanas... junto a mi cama...
En el pescante de mi carro trashumante...
En el bauprés de mi balandra incierta.
Y un par de veces estuvimos tan unidos,
Tan cerca uno del otro... tan, tan cerca,
Que casi nos fugamos juntos de la cárcel – vida,
Asidos a la estela de un cometa
Rumbo al confín de una galaxia adolescente
A renacer en una estrella nueva..!
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Hoy has vuelto a cruzar, Amiga Mía
Frente a la Gótica ojiva de mi puerta.
Apenas vi tu sombra, supe que eras Tu.
Quieta e inquieta,
Silenciosa y alegre
Y lánguida y soberbia..!
Supe que eras Tu.
Por tu fragancia de hiedra sempiterna,
Por tu rumor de brisas impregnadas
De ola y hierba,
De sándalo y tomillo,
De albahaca y niebla.
Supe que estabas tu.
Dulce y esbelta
Tal como el yaqui Juan nos presentó aquel día
Desde su cábala de desierto y piedra.
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No dejes que, otra vez, Amiga Mía,
Olvide tu presencia.
Ese tu estar constante, omnipresente,
Vela que vela
Haciéndome entender que mi existencia no tendría vida
Si en ella no estuvieras.
Es posible que más de uno –o una-- considere que le he dado demasiada importancia a la propuesta del rol que juega "La Muerte", tanto la general como la "personal", considerándola como el "Desafío Capital", que "La Vida" le plantea a nuestra ‘Existencia’. Sugiero que cada cual saque sus conclusiones y analice si, la mayoría de los ‘desafios’ que cotidianamente –sean del tipo que sean-- se le plantean, en definitiva, no terminan con el "Gran Desafío" de encarar nuestra posible desaparición de la corteza terrestre. Sin importar a donde va a parar nuestra energía –o alma, si Ud, lo prefiere— una vez que nuestro encefalograma acusa una planicie digna de una pulida mesa de mármol de Carrara.
Y ahora sí: sobre los múltiples "Desafíos" que plantea nuestro irrefrenable "envejecimiento", buscaremos, juntos, "El Coraje" imprescindible para sobrellevarlos con dignidad y, sobre todo, sin que se deteriore nuestra ‘alegría de vivir’.
Mientras aguardo sus siempre bienvenidas y valiosas opiniones y agradeciendo su atenta visita, prometo un rápido reencuentro en este mismo punto de la Red. para seguir divagando sobre "El Desafío de Envejecer" y "El Coraje para Encararlo"
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